Máquinas de escribir vs máquinas para destruir papel

Abrimos un debate, ¿sois más de crear o de destruir? En parte una depende de la otra, ya que para crear grandes historias hay que empezar destruyéndolo todo y comenzando poco a poco. Un papel algo filosófico pero que encaja en cómo se gestiona la vida hoy en día. Y aunque parezca mentira, las máquinas para destruir papel son el punto inicial para luego diseñar algo que sorprenda.

Volviendo a lo terrenal lo que me interesa es destacar el papel de las máquinas destructoras de este material. En muchas empresas, agencias o compañías, así como en el trabajo de cualquier freelance, estamos acostumbrados a tirar todo lo que hacemos, y sobra, a la papelera. Un gesto muy común cuando algo no sale como lo esperado. No obstante, en empresas donde los datos cuentan, los nombres son privados, o con documentos que no deben ser filtrados, el gesto de tirar lo que no interesa y es relevante en ese momento a la papelera no es suficiente. Es aquí cuando aparecen, se desarrollan e imponen las máquinas para destruir papel.

Por qué se usan y dónde

Lógicamente se utilizan para eliminar cualquier rastro legible de un documento, o incluso para acabar por completo con tarjetas de crédito o similares y evitar así un robo o usurpación de información o datos.

Pero lo importante no es tanto el cómo sino el dónde. En empresas donde se utilizan datos personales de clientes, por ejemplo en un banco, o en una asesoría, o bufete de abogados, o cualquier administración con flujo de datos de clientes es importante siempre guardar la confidencialidad. Y más ahora con la nueva ley de datos mucho más estricta para la compañía y flexible para el usuario.

Por eso las destructoras de estos documentos cumplen una gran labor. Además, los fabricantes van desarrollando nuevos modelos más eficientes y portátiles para poder utilizarlas tanto en departamentos y compañías más grandes, así como para uso más particular e individual.